El confesor se nos quedó dormido
Los pecadores se han cansado de esperar
Los burdeles y los casinos están a punto de cerrar…
y Cenicienta ha dejado abierto el gas
Ya no queda nadie en la ciudad
El futuro sólo era cartón piedra
El aparcacoches ha empezado a delirar
Las alarmas y las tragaperras han dejado de sonar…
y las aceras sueñan con llegar al mar
Ya no queda nadie en la ciudad
El asfalto ve crecer las malas hierbas
Los semáforos dan paso al bien y al mal
Y Dios no está ni se le espera
Nadie sabe dónde está…
y las cerezas, sin comer se pudrirán
Ya no queda nadie en la ciudad.
José Ignacio Lapido
(música vetada por una primavera)
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