-Me gusta el agua -dijo ella-. Es un lugar para morir. No en el aire caliente, sobre el suelo caliente, y esperar horas para que se enfrie la sangre y uno pueda dormir, y semanas para que el pelo deje de crecer. El agua, el fresco, para enfriarlo, tan pronto que uno pueda dormir para borrar del cerebro y de los ojos y de la sangre todo lo que se ha visto y pensado y sentido y necesitado y negado...
william faulkner
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